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Emblemática económica. Apuntes
para un Proyecto de Diccionario
de Economía Política
Pedro G. Romero
Acción
“Nosotros nos proponemos estudiar las reacciones delincuentes actuales de esta indi­
vidualidad biológica, en dos de sus manifestaciones más señaladas: el bandolerismo y la delincuencia subversiva. Dos fenómenos de reacción desviada contra las excita­ ciones sociales, que alguna vez se diría que han tenido anastomosis, como en el caso pretérito de los Hermanos de la sierra cordobesa de la Cabrilla, que tomaban de los caminantes la justa mitad de los bienes que les hallaban, mientras con largos discursos les persuadían de la bondad de su sistema reformista… si por ventura no se mezclara en ello un residuo, no leve, de andaluza ironía”.
El explicativo discurso del epigrama nos da una perfecta idea de lo que el gra­ bador nos quiere mostrar con su dibujo. En el claro de un bosque, el porte, de lo que parece un grupo de buenos bandoleros, se explica y alecciona a sus víctimas, sobre las bondades de la acción a la que son sometidos. Las caras de los asaltados muestran un convencimiento verdadero de lo que están escuchando. Todos los detalles de la ilustración dan una garantía de veracidad a la práctica que en él se expone. La paloma que anida en el árbol seco, la procesión de hormigas soldados limpiando el suelo de la floresta, las rosas abiertas destacando entre los cardos y la maleza. Bolsa
El dibujo es cómico y el epigrama todo lo explica. Se observa uno que destroza la
cabeza a otro con lo que parece una bolsa de dinero: “Habíame prometido mi autor de que para el Corpus siguiente había de repre­ sentar y darme ración como a los demás compañeros, diciéndome que tenía demasia­ da de buena gracia y buen talle para cuanto quisieran hacer de mí; y verdaderamente yo saliera con ser comediante, a no sucederle a mi amo una notable desgracia, y fue que, habiendo un día representado la comedia del Mercader Amante, de Aguilar el valenciano, y acudiendo mucha gente a la puerta, púsose mi amo a cobrar de los que entraban, y metióse entre los que iban pagando un mozuelo con tanta priesa y fuerza, que sin poderse valer mi autor dió con él en el suelo, lastimándose un poco en la frente; y enojado de tal término y de verse herido, dijo al mancebo: Cuerpo de tal con él, no mirara lo que hace, y entrara con seso. Para quien es él demasiado traigo, respondió el mancebo. Pero mi amo, que no había menester mucho, y que no sabía de burlas ni sufrir semajentes desvergüenzas, diciendo y haciendo, con el talego del dinero que tenía él las manos le dió tal golpe en la cabeza, que le derribó muerto a sus pies. Alborotóse la gente, acudió la justicia, huyó mi dueño y púsose en cobro, y quedóse la comedia y todos los de la compañia, con la falta de pastor, como las ovejas sin manso. Era muy emparentado en la ciudad el muerto: procurando la venganza que ya no tenía remedio asieron de los cofres del vestuario y toda la ropa que allí estaba, dejándonos sin ningún refugio aunque yo no estaba el peor librado, pues siempre en mi pecho traía para no menester doscientos reales en escudos de oro, sin otras joyuelas Clases (sociales)
El paisaje presenta algunos episodios de la leyenda de Edipo. Las fuentes utiliza­
das pasan por ser las versiones que de la leyenda vertieron Sófocles y Eurípides. Básicamente se representa el suceso que a Edipo acaeció con la Esfinge. De fondo aparecen dibujados dos acontecimientos de abundante literatura psicoanalítica. En uno, Edipo asesina a su padre, el rey Layo, en el otro se desposa con su madre, Yocasta. En un plano intermedio se sitúa su primer encuentro con la Esfinge. Ésta tiene la apariencia de una monstruosa máquina con el rostro encantador del deseo, el pecho, las patas y la cola se conforman con los beneficios del valor de uso mientras las alas tiene la levedad de la fantasmagoría del valor de cambio. Edipo se encuentra descifrando la adivinanza que el monstruo le formula, clave para continuar su vida y para liberar la de los viajeros y habitantes de la ciudad de Tebas. La primera instancia del grabado la ocupan los personajes resultantes de la solución al acertijo. La leyenda, al pie del emblema, lo describe. El epigrama dice: La Pirámide Social que asoma detrás de la ciudad de Tebas, es para precisar que ésta Depauperación absoluta del proletariado
La leyenda que preside el emblema nos describe con precisión el fondo que se dibuja Cuatro casas tiene abiertas / El que no tiene dinero: La cárcel, el hospital, / La iglesia y el cementerio Efectivamente, podemos observar los cuatro magníficos edificios destacados en el paisaje de una ciudad y cada uno de ellos con sus grandes puertas abiertas. Destacan las banderolas que significan a tres de los edificios, murallas dentro de la ciudad. A la derecha la Cárcel porta en su estandarte una H. En el centro, la Iglesia adorna su ban­ dera con una T patibular. El lado izquierdo lo preside la S de la insignia del Hospital. Murallas afuera, y a modo de ciudadela pequeña, el cementerio abre también sus puer­ tas. Hasta allí se dirigen dos comitivas, una a diestra y otra a siniestra. El epigrama Cuando se muere argún probe¡Que solito va el entierro! Efectivamente, la descompensada composición presenta a un lado la rica procesión, la que presiden ilustres ciudadanos y cierran, a la cola, la melodía que producen la agrupación de artistas contratados. Al otro un hombre carga lo que parece su propio Equilibrio económico
— Y esta frase de Marcel Duchamp, debajo de su re­trato…
¿Et qui Libre?, ¿Y quién es libre? y equilibrio, equilibrio, equilibrio o desequili­ brio, el hombre vive inmerso en unas leyes naturales, estas tienen su equilibrio, el hombre no lo entenderá jamás, nunca; el hombre vive con el deseo de destruir su entorno, vive queriendo entender ese mundo y traza teorías que le rodean, paro nunca llegará a comprenderlo totalmente, porque es inferior a esas cosas, está limitado; lo que importa es ese deseo de querer saber, de buscar, de destruir, por eso se dice que unos viven muriendo y otros mueren viviendo, quiero decir que el hombre no vive para comer, come para vivir; entonces el hombre, ser racional hasta donde llegue esta palabra, cuando da, se da, ¡cuando quita, se quita! y ¡cuando roba, se roba!…así, ¿a cambio de qué?, ¿nadie está dispuesto a dar si no es a cambio de algo?, pero todos esperamos algo y nadie nos lo da… es una maraña oscura, difícil de distinguir… usted está vivo porque yo vivo, el hombre para vivir tiene que vivir vinculado, ¡crear vínculos!, si se olvida de eso, el hombre se olvida a sí mismo, y ahora, ¡que la gente Epigrama: de una entrevista a Ignacio García “el Poeta”, militante anarquista y ven­ Fetichismo de la mercancia
Distintas secuencias se muestran a la vez. Todo transcurre sobre un pequeño escenario
de teatro. Al fondo, mientras el público grita: “¡Queremos juegos de manos! ¿Dónde están los juegos de mano?”, el maestro de ceremonias ofrece un millón de pesetas al que sea capaz de repetir su hazaña con una sola de estas monedas. Más cerca se repre­ senta lo que parece ser el ejemplo a imitar. Colocándose una peseta sobre sus cejas, el mago la hace saltar, simulando un esfuerzo mental al apretar su frente y manteniendo los brazos sujetos en su espalda. Parece ser que lo engañoso del supuesto truco hace subir al escenario a un simple, deslumbrado por la posibilidad de conseguir dinero de una manera tan fácil. Una escena previa a la principal presenta al prestidigitador apretando fuertemente sobre la frente del simple la susodicha peseta, retirándola con cuidado de no ser descubierto, pues la presión sobre la piel deja un rastro que hace suponer a nuestro iluso que sigue teniendo sobre sus sienes la moneda. Un primer plano muestra a nuestro buen hombre, con los brazos a la espalda, haciendo esfuerzos sobrehumanos por provocar la caída de la moneda. Aprieta y aprieta, rojo del esfuerzo y sonrojado por la sospecha de estar haciendo el más espantoso de los ridículos. Como epigrama figuran las obscenas carcajadas del público. Ganancia
La habitación se presenta como una acicalada cristalería. Por las paredes, sobre las
mesas, en el suelo parecen verse brillar innumerables espejuelos. Pero lo que parecen eso, espejos de toda dimensión y tamaño no son más que bandejas de plata, o de latón, que de todo se tiene, que trabaja el artesano árabe que se encuentra en primer termino del grabado. A su lado y completando el emblema se encuentra Axab, quien hizo po­ Sin embargo el pícaro gorrón no parece el máximo representante de la usura, ni tam­ poco el afanoso artesano da una imagen clara de honradez o inocencia. Los signos que portan sus chilabas tampoco aclaran un significado preciso de lo que tales personajes representan. En la de Axab el pespunte representa un pozo sin fondo, mientras en la del hábil platero se borda una frondosa cornucopia. El epigrama tampoco deja clara Un día, mientras paseaba por el gran mercado, se detuvo ante un hombre que hacia bandejas y le dijo: Te pido, por Dios, que aumentes su anchura en un par de dedos o algo más. El artesano le respondió: Y, ¿qué es lo que te va a ti en ello?. Axab aclaró: Puede ser que un día alguien me regale algo en esta bandeja Hilferding
Los Pregoneros resultan ser en la cárcel algunos presos que viven de prestar sobre
prendas dinero, un cuarto más por cada real por uno ó dos días, que entre ellos se llama gabela; y si se pasa el término, quedan por suyas las prendas.
El dibujo presenta algunos de estos Pregoneros en plena faena, que si no fuese por el resto de los detalles del grabado, parecerían Cambistas cualquiera realizando su tráfico de monedas, a la luz del día y sin que nada les pareciere extraño o irreal. La cárcel hace olvidar además si el Pregonero es cristiano viejo o no lo es, que si fuera morisco o judío no importara a los ojos de nadie sus prácticas, pero que aquí en la prisión todo pasa desapercibido, como en las sombras de la calle se ocultan quienes no quieran ser descubiertos por la luz del día. Los dibujos del fondo, los que dan ambiente a la ilustración, se refieren di­ rectamente a las cárceles y ciudades del artista llamado Piranesi, aunque no se sepa si éstos son antes o después de los de éste. Torres altas, puentes elevados, puertas sinies­ tras que se abren y se cierran, grandes ventanales cerrados y pequeños orificios para el libre cambio, rejas y –donde no hay rejas– fosos que impiden el paso, grietas en la pared que no conducen a ningún lado, ese es el paisaje que se describe.
Inflación
Entre las costumbres censurables se encuentra la de la gorronería, que es el arrimarse
a convite al que uno no ha sido llamado. La primera especie de gorrón, del que todos toman nombre, es el gorrón del banquete de bodas. Uno de esta clase decía a sus compañeros: “Cuando uno de vosotros entre en un banquete de bodas, no se vuelva a un lado y a otro dudando y escoja de inmediato el lugar donde sentarse. Si hay en el convite abundante número de comensales, que pase y no se quede mirando a la gente, para que crea la familia de la mujer que es pariente del novio y éste piense que es uno de los invitados de la novia. Si hubiera en la entrada un portero grosero o insolente, comience al punto por ahí, ordenándole o prohibiéndole, sin enfadarse con él sino entre buenos consejos y educadas maneras.” La leyenda que preside esta antigua xilografía dice: No hay en la tierra madera más noble que la del bastón de Moisés y la de la mesa de la comida Se figura en el dibujo a uno de estos personajes, sentado entre otros invitados al convite, rodeado de manjares y vinos exquisitos. Se diría que se siente tan bien que a cualquiera le parecería el novio. Más cuando se encuentra mostrando a otro de los invitados su anillo, con una inscripción que dice: “La avaricia es una maldición”, lo Jornada de trabajo
La disposición del emblema resulta tan clásica que su trasunto podría confundirse con
el de otro cualquiera. Se trata de una escena de la Pasión de Cristo, en la que a este, agotado tras la ascensión con la cruz a cuestas al monte Calvario, un grupo de perso­ nas dan de beber. Todo parece conforme a lo que se representaría en una Estación de Via Crucis. El hábito de los aguadores que recurren al Señor su sed no los distinguiría de cualquier grupo de galileos de la época. Pero se trata singularmente de un grupo de gitanos, un grupo de gitanos aguadores. Aunque no se les conozca especialmente por este oficio y su llegada a tierras de Palestina ocurriera siglos después, en estos casos en que se actúa por intercesión divina resulta absurdo preguntarse sobre la exactitud o veracidad de éste u otro dato, pues todos son dispuestos por la providencia y el sentido del universo divinos. El caso es que este refresco caritativo y la lógica debilidad de voluntad y pensamiento que se sufre después de portar con kilos y kilos de madera cuesta arriba, bajo el implacable sol de Israel, hizo pronunciar al Hijo de Dios la sen­ tencia que en este emblema funciona como epigrama: Vosotros, gitanos, tenéis mi bendición. Comeréis pero no trabajaréis. Y vuestros descendientes La escena representa una representación. En lo que parece la plaza de un pueblo, medio andaluz, medio castellano, un grupo de paisanos, forasteros y turistas hace se­ micírculo contemplando una dramatización. En el corro se destaca un espectador con su familia, dispuesto a fotografiar la escena. Signos dibujados de forma evidente lo distinguen como a un joven director de banca recién llegado al pueblo con su familia numerosa, pareciendo, más que caricatura, un corte sociológico. Como es costumbre en muchos de estos lugares, entre las celebraciones de Semana Santa se incluyen sucesos teatrales de escenas de la pasión del Cristo o alguna anécdota ocurrida a sus ancestros. Así, por las caracterizaciones de pueblo, romanos, sacerdotes, parece que se trate el episodio en que Judas vende a Cristo. La representación popular termina la escena haciendo que Judas lance a sus espaldas la bolsa con las monedas y corra con la cuerda a colgarse de un árbol, a las afueras del pueblo. Ese momento parece ser el que el emblema representa, pues el epigrama concluye: No hace falta aclarar que la bolsa se ilustra cayendo sobre el joven director de banca, confundiéndose el flash de la foto con el signo de su impacto.
Ley general de acumulación capitalista
En lo que parece ser un taller de trabajo se sitúan cuatro escenas simultáneas. En el
centro, un grueso personaje, que quiere pasar por gran empresario o financiero, una especie de imagen obesa del capital. Pero este Gordo feliz, parece no estar sufriendo más que derrotas. En una de las salas, un grupo de mujeres ha roto la cadena que las unía al Gordo. Éste no se da cuenta del suceso, pues con su panza la vista no le alcan­ za, y la cadena sigue tensa, ya que las mujeres, la tienen atada de las paredes de su cuarto. El caso es que las mujeres siguen trabajando igual que cuando de ello dependía la tensión de la cadena. Otra sala refugia un grupo de niños, que aunque también con­ tinúan trabajando han realizado la misma operación con sus ataduras enganchándolas, al suelo de su sala. Un grupo de negros repiten la escena, liberados, redoblan sus labores y enganchan sus cadenas a los pica­portes de las puertas. Finalmente la escena se repite con el grupo de enanos que habita la cuarta de las salas. Parecen haber roto sus vínculos con el Gordo central pero su trabajo parece haber aumentado, muy por encima de las estimaciones que sobre su capacidad de trabajo vierten la mayoría de No, no alcanzo a encontrar un preciso sentido a la caricatura, ni al conjunto, ni a Modo de producción
En primer término Felipe Alaíz, escritor anarquista que prepara el cuaderno número 12, de su colección didáctica “Hacia una Federación de Autonomías Ibéricas”, que se titulará Arte Accesible y, a su lado Manuel Rojas, maestro de gubia, que dejó en Granada una floreciente cooperativa de carpintería. A las espaldas de los dos hom­ bres, extremadamente delgados por el hambre y las penalidades del exilio que pa­ decen, y a modo de espectral escenografía, se amontonan tal as de madera de toda A modo de epigrama, dos bocadillos reproducen la conversación que parece — Hay que preferir las buenas reproducciones a los malos cuadros.
—Si no, todo es oro, y el oro no sirve más que para rebajarlo y malograrlo todo, explotar la destreza, amontonar nulidades, decorar filisteos y justificar legalida­ —¿Y cómo se las arreglan para que las tallas, que con tanto éxito exportáis, — Pues nada. Se entierran los tableros y se sacan de tierra, disparándose luego contra ellos, perdigones y pólvora. Cada orificio será una quera y unos miles de dóla­ res. A perdigonada limpia se escamotean los siglos. Neocolonialismo
Una cueva submarina parece el habitáculo principal que el grabado nos muestra. En su centro un enorme pulpo se encuentra con todos sus tentáculos desplegados. Estos bigotes llevan adheridos en la superficie de sus ventosas una suerte variada de objetos cartera tarjeta piedra coral alfiler medalla capuchón pila puntilla anillo alhajas destornillador Tras el pulpo aparece una figura destinada a recoger esta varia material. La figura está desdibujada por verse a través del agua, desde el fondo del mar. Dice la leyenda: Dos imágenes distintas se nos muestran. En la primera unas monedas se esparcen sobre una mesa. En la segunda, la terrible visión de cuerpos desmembrados en el ban­ cal de una era. La leyenda, Deconstrucción, y la noticia histórica que lo acompañan “Ya entrado el nuevo siglo y para no contar sino los casos más señalados, el 16 de Octubre de 1815 fue ajusticiado el bandido Francisco de la Haza, hijo y nieto de bandidos, también ajusticiados. Cuatro días después, el 20 de Octubre, pereció en el cadalso atroz Marquillos. Y dos años pasados comienza la caza de los Niños de Écija: primero, el 18 de Agosto de 1817, Luis López y Antonio Fernández; luego, el 7 de Febrero de 1818, Juan Antonio Gutiérrez, el Cojo; más tarde, el 13 de Noviembre del mismo año, Antonio de la Fuente, Minos, etc., etc. Cada uno de ellos había sido pregonado en 3.000 reales y todos fueron arrastrados y descuartizados, repartiéndose sus cabezas y sus miembros en los lugares de sus crímenes. Alrededor de estos postes de infamia erguidos en los despoblados, más de una vez se congregaron a orar un instante los compañeros de partida. Y la Santa Caridad devolvería, al fin, a la tierra los miembros suspendidos en el aire, en la trágica procesión de los husos insepultos”.
La poca pericia del dibujante hace que se confundan los detalles de ambos cuadros. Así, las cabezas-relieve de las monedas parecen propiamente decapitadas Oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo fisico
Se dice:Juan Ozero que fue acusado porque hacia moneda falsa y compelido confesó, y fue condenado a muerte. Fue su causa en relación, y fue devuelta. Queriéndolo confesar los padres de la Compañía, se embelesó de manera que no pestañeó con los ojos ni hizo movimiento en los tres días primeros, ni habló ni respondió á cosa que le dijesen: y así se entendió que, notificándolo que había de morir, perdió el sentido y se había vuelto loco; de manera que movidos de caridad los confesores hablaron al juez, el cual suspendió la ejecución de la sentencia de dia en dia para ver si volvía en si. Y pasados dos meses, se mandó que el doctor Oropesa y Sancedo, médicos famosos estudiasen el caso y que entendían que se le había dado una enfermedad repentina que llaman, o manía incurable, y a lo que parecía en la vida no volvía en sí. Y con esto pa­ saron nueve meses en los que se hacían grandísimas diligencias. Y en todo este tiempo no habló ni pestañeó; y se proveía de su persona en los calzones, sin moverse de lugar ni pedir de comer, lo cual le daban a tiempos: y comía y bebía, si se lo daban. Y hir­ viendo de piojos y chinches que hacían nido en él como si fuera pared, y sudando de calor por el aposento en que estaba, jamás hizo sentimiento de cosa alguna; demás de que tan mala gente como hay en la cárcel le hacían notables daños e injurias dándole a comer verijas de lana con suciedad, y las comía y sufría palos y libramientos y otras cosas extrañas. Y llevado a la casa de los locos, estuvo diez meses en la casa de los locos haciendo las mismas locuras y suciedades, pues vestido sin moverse de un lugar se ensuciaba y meaba; con un extremo extraño que tuvo siempre, que si le ponían hoy la cara levantada al poniente mañana le hallaban de aquella manera, y si al levante lo mesmo, y si al cielo lo propio, y lo mesmo a la tierra. Y al cabo de nueve meses de sufrimiento rompió una ventana desta casa, y hizo pedazos la manta y con unos clavos se salió y se fue, hasta hoy; haciendo locos a quien a él habían tenido por tal, y burla a los que de él se habían burlado.
Propiedad personal
La leyenda parece presentarnos un hecho clásico: El dibujo nos presenta un globo terráqueo del que destacan dos grupos de nubes que enmarcan, a su vez, dos escenas distintas. Los marcos de cirros se sitúan sobre dos naciones claramente señaladas a occidente y oriente del mundo. Se trata de la europea Francia y la asiática China. Parece que las orlas de nublados son ventanas abiertas al corazón de ambos países. La ventana de Francia nos presenta a un burgués de clase media, sentado con las piernas cruzadas frente a una mesa en la que se encuentra un extraño artefacto, mitad teléfono, mitad detonador de explosivos. Su cara transmi­ te dudas, preocupaciones, indecisión, remordimiento y miedos. La otra escena nos muestra a un rico terrateniente vestido a la manera china. Está tumbado sobre una cama y parece mantenerse vivo, tan solo, por la presencia de tubos y cables que unen su cuerpo a los aparatos situados sobre una cercana mesa. Dice el epigrama: “Si para heredar al rico, a quien jamás se hubiera visto, de quien nunca se oyera hablar y que viviera en el rincón más apartado de la China, bas­ tara oprimir un botón que le hiciera morir, ¿cuál de nosotros no lo oprimiría?”.
Es de señalar que todo el globo terráqueo está ilustrado con motivos sobre las Quesnay
Quizás estamos aquí ante, solo, un proyecto de emblema. En la reproducción no po­
demos apreciar si se trata de una edición seriada o solo de un boceto o dibujo prepa­ ratorio. Parece un dibujo improvisado en los márgenes de un libro de cuentas. Como anotaciones distraídas mientras se calculan los debe y haber de un balance. Dice así, lo que parece funcionar como el epigrama: Por ahorcar a uno.150Por cortarle una mano.75 Por colgar en la horca cabeza, menudos y los cuatro cuartos Por freír la cabeza.75Por freír la mano.75 Los esgrafiados nada tienen que ver con la lista, nada en ellas los describe o alienta. Son dibujos de cuerpos femeninos tumbados en la playa, familias en comida campes­ tre, parejas de enamorados, juguetones bebés en sus carritos, abuelos paseando a la Reproducción capitalista ampliada
“Entonces pudo sorprender en sí, según declaró en el sumario, el extraño de experi­
mentar poluciones a la vista de los cadáveres. ¿Revivía quizá en él, cínicamente, en la descomposición mental de la senilidad, alguna antigua memoria erótica olvidada de los tiempos de la crisis de la pubertad, algún pasado episodio que relacionó de una manera absurda, pero inevitable ya en su espíritu, la vista de la hembra muerta con el impulso sexual, obrando en los centros que presiden a la eyaculación?¿Acaso en un renacimiento tardío de su sexualidad viciosa se produjo entonces por primera vez esta asociación, sistematizándole, en tiempos periódicos, en el fetichismo emocional de la voluptuosidad de la necrofilia? Como quiera que sea, él no cultivó su anomalía, con­ virtiéndose en un desenterrador de cadáveres, a la manera que lo había sido Verdina y lo fue después Adrizan últimamente. Garayo amaba la presa viva y gustaba de darla muerte. Aquí aparece, a la vez, el sádico, el algolágnico, según su nomenclatura pre­ ferible. La lucha, la contracción muscular, los golpes y los desgarramientos sufridos, doble algolagnia, pues, activa y pasiva, eran elementos de voluptuosidad, rematada por la posesión fría del cuerpo desnudo. Y el acceso, que se cerraba en los primeros atentados con la contemplación de las muertas desnudeces, más tarde, volviendo a en­ cender la loca concupiscencia, se exacerba en un nuevo impulso sádico desesperado, equivalente de otro acto de posesión en un estado de satiriasis”.
El grabado muestra al hombre perverso encerrado entre el lujo y la opulencia, rodeado de obras de arte y objetos preciosos, contrastando con la desnudez y pobreza de los cadáveres desnudos que en la estancia se amontonan.
Separación entre el campo y la ciudad
Nos presenta el dibujo una aproximación a la evolución topográfica de la ciudad. El
lugar señalado es aquel que es llamado rollo cuando muestra a los asesinos ajusticia­ dos y rolla cuando el delito de éstos es contra la propiedad y el delincuente aún no ha sido ajusticiado. El lugar del rollo o la rolla, centro de sensaciones y asociaciones desagradables, inspiró repugnancia y fue evitado. Así, evolucionó el caserío con una desviación, en ningún caso evidente. El abandono y la maldición cayeron, pues, sobre el solar infame, que sólo pudieron ocupar o frecuentar aquellos que habían sido ex­ puestos en la columna. La prostitución, que busca refugio de la vista de los bienpen­ santes, encontró en estos turbios lugares el lugar ideal para refugiarse. El comercio y el crimen encontraban un lugar donde aliarse y mostrar, por una vez, su verdadero rostro y sus leyes transparentes. La paradoja está en que fuera la necesidad social de ejemplaridad la que señalara en cada pueblo y en cada ciudad el sitio donde este El emblema destaca, sobre el fondo de edificios y calles que, a vista de pájaro, muestran una ciudad, el rollo o rolla, enorme columna que en audaz perspectiva, ob­ servamos primero la cima y, abajo y lejana su base, muestra su inscripción: Trabajo abstracto
Difuminado, a causa del mal estado de conservación, encontramos el diseño de este
emblema. No parece ni epigrama ni leyenda que pueda alumbrarnos sobre su exacto significado. Parece que las figuras representadas muestran a un orgulloso y harapiento individuo rechazando la limosna o ayuda económica de otro, presentado con mayor nivel social y supuesto de riquezas.
Dos noticias contemporáneas de la ilustración pueden ayudarnos a interpretarlo: Se narran anécdotas acerca del rechazo de los cantaores gitanos de Triana a cantar por un estipendio, abonando así el terreno de los que defienden que el cante puro ni se compra ni se vende. Tal es el caso de Juan Pelao, en el último cuarto del siglo XIX, que se negaba, ante la desesperación de su familia, a tomar cien pesetas del general Sánchez Mira, uno de los muchos señores aficionados, animador de concursos, títulos y competencias entre los cantaores Contaba Ramón que había visto al más pobre de los Valle Inclanes que él conoció, al otro Ramón, lo había visto rechazar, digo, una fortuna solo porque sabía que quien se la daba conocía su situación paupérrima El gesto, un ejemplo de orgullo tribal hispano, tiene connotaciones tópicas que lo Union personal
La leyenda que lo preside remarca en gótica escritura el cuento de Los Linajudos. El
grabado parece traspapelado, pues a primera vista parecería una lámina anatómica o cualquier ilustración médica. Solo el primer plano del dibujo nos libera de tal aprecia­ ción. Los signos del vestido nos indican que aquel que se nos muestra primero es un importante capitalista, un banquero o gran comerciante, cargado de abalorios. Relojes de oro, sortijas, todo bien engarzado en dedos y muñecas de diseño. El otro brazo se extiende sobre la mesa y se abre quirúrgicamente. Del miembro abierto florecen el resto de las ilustraciones. Venas que se analizan con extremo pudor, deslindándose sus arterias en mallas genealógicas que se amplían como cadenas de ADN o arabescos de impresión de billete. Los músculos, tajados en canal cual pliegues cerebrales o bille­ teras. El tallo del hueso descifrado a rodajas, rodando una a una, como ideas, como Se ocupan en deslindar linajes, parentescos y oficios, y en las familias, imputándoles a veces faltas que no tenían, o que si las tenían las ocultaban por dinero, que les daban los interesados, presentándolos por testigos en sus informaciones; y a los que no contribuían manchaban con calumnias y notas infamantes, que estorbaban o entorpecían sus calificaciones Valor
En una rara edición de “La Parte Maldita” de Georges Bataille encontramos este em­
blema. La muestra que tenemos está deshojada y no sabemos si el grabado correspon­ de a una ilustración interior o está utilizado a modo de prólogo o frontispicio o anexo El 19 de abril fue preso en la cárcel de la Contratación un hombre, trabajador de la Casa de la Moneda, quien cuando resellaba la del Rey, resellaba para sí la que tenía oculta. Éste, el domingo 20 por la noche, se ató una cuerda a los testículos y miembro viril, y la otra punta a una reja del calabozo, y se dejó colgar; y como no se lo arrancase, y el dolor era vehemente, sacó un cuchillo y se los cortó. A la mañana siguiente fue hallado moribundo: acudióse al remedio y sanó; pero fue desterrado de la tierra. Los presos, por travesura, tuvieron colgadas de la reja que cae a la calle las partes cortadas, donde permanecieron casi tres horas Claro, que puede ser también que el emblema fuese fruto de un traspapeleo entre ediciones distintas del mismo Bataille, o que simplemente, la casualidad y el destino hubiesen colocado esta oportuna imagen ahí, en esta descatalogada impresión de La Parte Maldita. Demasiadas coincidencias.
w.w.w.
Casino o Torre de Babel. Un emblema suma de muchos, pues lo que se adivina como
ebullición del caos no es más que la acumulación de las formas de reproducción, di­ versas, del capital. De entre las miles de escenas presentes ante nuestros ojos podemos, a salto de mata, describir varias. Bajo la leyenda Abrir tienda se dispone alguien a desplegar su timba. Sobre la inscripción Barato aparece la cantidad a pagar para empe­ zar a practicar estos comercios, acompañadas del policía o matón encargado de nadie juegue sin pagar lo suyo. Diputado preside el retrato de aquél que regula el barato, es decir, permisos, gastos de la luz, barajas, bebidas, etc. Todas estas escenas de tenderete diversifican sus prácticas bajo las más diversas leyendas, Tablajes, Leoneras, Casas de Conversación, Mandrachos, Encierros, cada una con su peculiar actividad. Dos consignas llaman nuestra atención. Espejo de Claramonte, y bajo la leyenda el lugar adecuado para colocar al contrario y verle sus cartas. Fullería de Lamedor, otra trampa, se engolosina al contrario dejándolo ganar al principio, en el grabado puede observarse también la escena en que ya se le ha asestado el golpe y vaga arruinado, perdiéndose bajo la leyenda. Como Perro Reventón se conoce a todos aquellos que inducen a parti­ cipar al juego, guías, teóricos y propagandistas principales de estos asuntos.
En la memoria de la raza, se diría que ha quedado la imagen del bandido como un tipo en que se reconoce y se agrada, constituyendo un ideal estético Así reza la leyenda de este bonito grabado. La versión que conocemos se encuentra iluminada en colores y pan de oro. Un nieto del anticuario que describe el epigrama, la noticia deberíamos decir, nos lo enseñó en su casa de Sevilla. Seguramente fue su padre quien lo mandó colorear para resaltar los dorados de la figura y las monedas.
Aquella imagen de bravo luchador por la vida y, a la vez, de gozador de la vida en todos sus placeres, cautiva y desarma la blandura de raza del hombre bético, abúlico nihilista sumergido en la sensualidad, en la sexualidad mejor dicho, que le asemeja como símbolo o prototipo, al pequeño Príapo de oro nativo, romano o prerromano, que vimos una tarde en casa del chamarilero sevillano Nicolás Garzón, de la calle Méndez-Nuñez: minúscula estatuilla tosca, en material precioso, en la cual los órganos genitales varoniles, hipertrofiados, demostraban una atención y estado únicos, exclusivos Se representa a un grupo de señores, de mirada científica, que midiendo en balanza el peso de una figurita de Príapo observan que ésta alza la cantidad muy por encima de su mismo volumen en monedas de oro. Todo el fondo de la escena lo cubren cacharros e imágenes que simbolizan una especial identidad genética. Uno de los individuos parece presentar la comprobación y su mirada de satisfacción quiere indicarnos que su teoría se prueba. Un cierto desdén por el oro parece indicarnos la posición de su mano derecha, casi retirando las monedas de su vista.
Yermo
Preside el emblema, adornado con parras y uvas, la leyenda:
El epigrama explicativo aclara la leyenda y acentúa la aberración moralizante que en Tenía la inoculación de aquellas ideas nuevas, y como tales enormemente expansivas, la eficacia de la embriaguez que procura el vino. El vino descubre la verdad del carácter del bebedor. Y mientras en los unos, los más, la hora de teorización en la gañanía desabrida, producía la exaltación emotiva, la elevación de la tonalidad de la vida que hace deseable la bebida; en algunos excitaba la perversidad y los instintos de fiera amedrentada que se desata El dibujo muestra con todo lujo de detalles, deformando incluso la apariencia natu­ ralista de la escena y la lógica natural del desarrollo del suceso, el asalto y posesión por un grupo de anarquistas de la ciudad de Jerez. Por doquier llevan los insurrectos insignias libertarias que los identifican pero que no se corresponden en el tiempo con las usadas en aquella época. La ciudad, continuamente identificada con los apelativos de Sherry y Xerez, que hacen gala del vino que esta tierra produce pero en ningún caso del topónimo de la ciudad, se muestra con más bodegas que iglesias, palacios u otros edificios que la signifiquen. Se intenta confundir la insurrección y no saberse sus causas, ni explicarlas, como si todo fuese culpa de una embriaguez congénita. Como si el motor fuese la falta alcohólica, y no la del dinero.
Zíber
“Su caso es un ejemplo acusado de lo que algunos llaman daltonismo moral, esta­
bleciendo una correspondencia entre las anomalías visuales y las morales. A la ma­ nera que hay una ceguera parcial para ciertos colores (daltonismo, del nombre del doctor Dalton, que la descubrió en sí mismo, aunque ya antes la había descrito el gran Schiller), así también hay un defecto para la percepción o, más bien, el sen­ timiento de los aspectos diversos de la moral. Ciertos criminales, como en el caso de Candelas, son exclusivamente ladrones y no podrían matar jamás; otros, por el contrario, son asesinos tipos, que se rebelan ante la idea del robo. Mientras otros, más semejantes a los ciegos para todos los colores (acromatópsicos), roban, matan, El largo epigrama va colocado delante del grabado. En éste se ve, se ve mirán­ dolo, la figura, el rostro de un personaje mirándonos. Ese tipo de dibujos que lo mires desde donde lo mires siempre parece que te está mirando. Es de observar que las dos pupilas que iluminan las órbitas de sus ojos, están representadas por dos brillantes monedas de oro. El resplandor que estas monedas producen ilumina la faz de la figura que nos mira. La luz mantiene en penumbra la mayor parte del rostro, pero se adivinan las dos cuencas desnudas que suele presentar la muerte Pela.

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